La Plaza Roja en verano: un inesperado jardín.

La Plaza Roja permite infinidad de miradas. 

Es como una gran matrioska que define la complejidad de Rusia: religiosa y profana, comunista y consumista, exhuberante y reflexiva…

Una de esas «muñecas» es la del inesperado jardín que, en pleno verano, nos ofrece la esta Plaza infinita a la que siempre apetece volver.

El anhelado encuentro con la Plaza Roja

La Plaza Roja es el lugar más visitado de Moscú. Eso es una obviedad.

Antes de visitarla podemos intuir que nos va a encandilar, con toda su lección de historia y los bulbos de colores de la Catedral de San Basilio.

Pero, por mucho que leamos sobre ella, nada nos prepara para su inmensidad y su absoluta complejidad.

Entramos por la pequeña puerta de la Capilla Ibérica, y nos situamos de golpe en un espacio muy diferente al que esperábamos de la palabra «plaza».

Con la delicada Catedral de Kazán a un lado y el monumental edificio rojo del Museo Estatal de Historia nos vimos andando por una anchísima y larguísima «calle» adoquinada, flanqueada por un único edificio a cada lado: los Grandes Almacenes GUM y las murallas del Kremlin. A lo lejos, pasando una pequeña loma, veíamos San Basilio. Los casi 600 x 130 metros que tiene de longitud son para vivirlos.

El primer momento en la Plaza Roja  una nos produce una mezcla de extrañeza y admiración: un espacio muy abierto, el tumulto de personas, la majestuosidad de los edificios, el ajetreo sonoro tan presente en todo Moscú… 

Cuando los sentidos asimilan todas las nuevas sensaciones y podemos realmente «mirar» la Plaza, nos damos cuenta de que de manera casi imperceptible, la vegetación está presente ocupando un segundo plano pero resultando ser lo que reunido en cualquier otro lugar pasaría por un gran parque urbano.

Además, como todo Moscú, la Plaza Roja en verano se convierte en un colorido e inesperado jardín, siendo una de las razones para visitar Moscú en verano más atractivas.

Arboleda de la Necrópolis del Kremlin

Permitidme un consejo: entrad a visitar el Mausoleo de Lenin, aunque la cola que pueda formarse da un poco de miedo va bastante rápida.

Independientemente del juicio que os suscite un personaje histórico como Lenin, es una visita que impacta. Es, además, la visita que os va a permitir contemplar una arboleda formada por enormes abetos que, vistos desde fuera parecen simples setos.

La plaza roja en verano se inunda de sol
Los"pequeños" árboles que están remarcados en el cuadro verde, son los que aparecen remarcados en esta imagen lateral.
La plaza roja en verano es un jardín

La necrópolis de personajes ilustres y su arboleda ocupan lo que en un tiempo muy lejano fue el foso del Kremlin de Moscú. 

Encontramos allí tumbas de políticos como Stalin y de militares desconocidos para nosotros, pero también la tumba del astronauta Yuri Gagarin, del escritor Máximo Gorki, del comunista estadounidense John Reed, de curiosa historia y, en auténtico tono rosa, la tumba de Nadia Kúpskaya, la mujer de Lenin y de Inessa Armand, su secretaria y amante, que está enterrada en un lugar más cercano al líder que la propia esposa.

Pasear por aquí permite tener una visión de los emblemáticos edificios de la Plaza Roja distinta y espectacular. 

Esto ocurre sobre todo porque los sonidos de la Plaza Roja llegan amortiguados por el follaje: el barullo de los visitantes, la música emitida desde altavoces por los almacenes GUM, la publicidad voceada de los tour-operadores… nada existe de pronto entre los enormes abetos. Sólo una visión muy diferente de los edificios antes admirados.

la plaza roja en verano tiene un verdor intenso
La Catedral de Kazan entre los abetos
La Catedral de San Basilio desde la Necrópolis

Un jardín en flor en plena Plaza Roja en verano

Un jardín en plena Plaza Roja

Dejando a un lado la paz y la ceremoniosidad de la necrópolis del Kremlin, cruzamos la Plaza Roja y es como pasar a otro mundo. 

 Los Grandes Almacenes Universales, los GUM, el epicentro del lujo y el consumismo en su más alto nivel, nos ofrece una gran alfombra de flores de verano, efímeras y alegres.

Los copetes y las begonias en tonos amarillos, naranjas y rosáceos nos devuelven a una realidad más mundanal.

Pero esas plantas no son flores plantadas en el suelo. De hecho, el día que fuimos a la Plaza Roja por primera vez había tal cantidad de contenedores de varios pisos con pequeñas macetas de flores que pensamos que iban a montar en la Plaza un inmenso mercadillo floral. ¡Vaya! -nos dijimos, montarán mercadillo en la plaza y no podremos verla al completo. Pero al pasar horas después nos encontramos con la enorme sorpresa de que aquellas flores tapizaban todo el lateral de la Plaza Roja como una gran alfombra floral, extendiéndose en torno a los GUM, hasta la navideña calle Nikólskaya.

alfombra de flores en la plaza roja en verano
La calle Nikolskaya, también con su tapiz floral

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