La costa desde el palacio de liselund

Palacio de Liselund: cuando lo de menos es el palacio

Quizás el Palacio de Liselund no pasaría de ser una gran casa de campo si siguiésemos los parámetros europeos. Aquí, en la pequeña isla de Mon, entre pequeñas ciudades y pueblos de casas esparcidas, es El Palacio. 

Y eso, de cualquier modo, deja de tener importancia al comprobar que lo que hace único a este palacio es la gran extensión de parque que lo rodea. Un parque de gran belleza, interesante historia y maravillosa ubicación, ya que llega hasta los increíbles acantilados calizos de Mon.

Los datos más prácticos del Palacio de Liselund

El Palacio de Liselund es un pequeño palacio o una gran casona, según los ojos con los que se le quiera mirar.

Su ubicación

Se encuentra en la isla de Mon, una isla al sureste de Dinamarca, a una hora aproximadamente de Copenhague, la capital.

Estando tan cerca de Copenhague se podría pensar que es un lugar muy turístico. Pues nada más lejos de la realidad. Aunque la isla es muy visitada en viajes de un día desde la capital, ese turismo se concentra en la sección más alta de los famosos acantilados de la isla de Mon, cerca del Centro de Interpretación GeoCenter

El Palacio de Liselund está justo al otro lado, y hay que dar un buen paseo para llegar a la costa. Eso lo convierte en un lugar muy tranquilo, reservado para los amantes de la naturaleza y, ya veréis por qué, de la historia de la II Guerra Mundial.

Cómo llegar

Para llegar aquí desde Copenhague en trasporte público, puede tomarse un tren hasta Vordingborg, y allí coger un autobús en dirección a Borre, pero los horarios son muy escasos y la combinación complicada.

Como suele pasar, lo más sencillo es el alquiler de un coche en Copenhague. La conducción en Dinamarca es exquisita, y los precios de los alquileres de vehículo son bastante buenos.

Horarios y entrada

El Palacio de Liselund sólo puede visitarse con guía, en horas específicas reservada para ello, algunas de esas visitas incluyen también el recorrido por el jardín. En su web se pueden ver los horarios y precios.

Sin embargo, el parque está abierto todos los días del año. Su visita es libre y gratuita.

A la entrada, un parking bastante grande y una caseta con todos los servicios necesarios, nos invita a dejar el coche o la bicicleta (no se permite dentro del parque) y empezar a andar.

Un poco de historia sobre el Palacio de Liselund

Tanto los edificios como la concepción paisajista del parque son de finales del siglo XVIII, y se han mantenido con escasas modificaciones desde esa época.

Igual que pasaba en la costa este de Selandia, que el Museo de Arte Moderno de Louisiana tomaba su nombre de las esposas del dueño del lugar, el Palacio de Liselund se llama así porque la esposa del aristócrata francés que lo ideó se llamaba Elisabet, Lisa: Liselund viene a significar el bosque de Lisa.

La maravilla que podemos contemplar ahora, que parece formar parte del paisaje natural de la isla, es en realidad una auténtica obra de ingeniería, ya que todo el parque se asienta sobre una de las zonas más pantanosas de la isla de Mon. Hubo que salvar grandes desniveles y drenar mucho terreno, para que Liselund llegase a ser una realidad.

Ese pequeño milagro tuvo sin embargo un halo de mala suerte para sus propietarios. El Palacio de Liselund pasó por muertes repentinas de dueños, ventas de los herederos, nuevos dueños… Así hasta que en 1973 el estado danés se hizo cargo de todo el conjunto, incluyéndolo en la red de Museos y Castillos Nacionales.

Arriba, un grabado del Palacio de Liselund de principios del siglo XX, y al lado el Palacio en mi visita, a principios del XXI.
palacio de liselund

Pero esa parte de la historia no deja de ser la de cualquier otra historia de cualquier otro palacio, salvo por lo ocurrido allí durante la II Guerra Mundial.

Dinamarca fue ocupada por las tropas de Hitler el 9 de abril de 1940. El propietario de Liselund en aquel momento, el barón Niels Rosenkranz, fue el cabecilla del primer grupo de resistencia danesa contra la ocupación alemana, el West Mon.

Desde un principio, la resistencia danesa ayudó a la huida de judíos hacia la cercana y neutral Suecia. El palacio de Liselund fue, desde un inicio, una de las rutas de escape. Fue sobre todo en el año 1943, ya casi al final, cuando su actividad libertadora se intensificó. Afortunadamente, no llegaron nunca a ser descubiertos por los soldados alemanes, a pesar de las sospechas. 

Andando entre el espeso bosque que rodea Liselund y recorriendo los agrestes caminos hasta la costa, emociona ponerse en la piel de tantas y tantas personas que recorrían aquellos mismos lugares escapando de la muerte.

 

Los pequeños barcos en los que pasaban a los judíos a Suecia. Imagen cortesía de la Enciclopedia del Holocausto.
barranco del diablo en el palacio de liselund
El camino desde el parque ajardinado hasta la playa

Una visita a Liselund

Con todo, ya va quedando claro que Liselund, más que un palacio es un gran parque ajardinado. 

De hecho es la mejor muestra del jardín romántico inglés en Dinamarca.

Las dependencias y el jardín principal

El edificio más destacado es el Palacio Viejo de Liselund.

Es un pequeño edificio de estilo neoclásico francés, que extrañamente tiene el techo de paja. Desde luego, quien llegó aquí buscando un palacio puede que salga muy decepcionado. Pero es que la experiencia no es la de visitar un palacio, sino la de relajarse contemplando la bellísima imagen de la casona, rodeada de grandes árboles, césped, flores y agua. Ya sabéis, lo de menos es el palacio.

palacio de liselund

En torno al Palacio Viejo de Liselund, hay otros edificio algo más pequeños, y llamados exóticos: la Casa Suiza (que es la de la imagen), la Casa de Verano China y la Casa Noruega.

casa suiza en el palacio de liselund

Y por último, la edificación más nueva, y algo más alejada del recinto principal: Liselund Ny Slot, que tiene vistas sobre el gran lago.

Este Nuevo Palacio de Liselund es, desde 1989, un hotel. Ya sabéis, junto con el Terra Nostra Garden, otro lugar maravilloso en el mundo en el que pasar alguna noche. ¿Os imagináis amanecer y encontrar estas vistas?

 

¿Y qué decir del parque ajardinado? Como buen jardín inglés, parece que toda la vida hubiese sido así. Sin embargo, no es casual que se haya jugado con diferentes tipos de árbol: robles, castaños, morales, abetos… que dejan pasar la luz de diferente manera, creando contrastes entre sus diferentes tonos de verde.

Pequeños parterres, entre el intenso verdor del césped, nos recuerdan que estamos entre una naturaleza domesticada: bulbos y aromáticas, en ese momento en flor, nos trasportan de golpe a entornos más urbanos.

El agua es una constante en todo el parque. Varios lagos, riachuelos y canales, entre suaves colinas, completan un paisaje creado con la intención de hacer sentir bien a quien tiene la suerte de pasear por allí.

El sendero hacia la costa por el Barranco del Diablo

Desde el romántico jardín salen una serie de caminos que recorren el bosque que lo circunda y que bajan hasta la playa.

Una de las mejores rutas es la del Barranco del Diablo. Este camino, además de bellísimo, tiene una parte emocional intensa, ya que fue la ruta de escape de los judío daneses hacia los puertos de la costa.

Recorrer el barranco, tan húmedo y con su espeso follaje,  hace sentir como si se estuviese en uno de esos bosques de centro-europa, de hadas y duendes. Resulta difícil hacerse a la idea de que la costa está a corta distancia de allí.

barranco del diablo

El camino comienza a subir, dejando el barranco, hasta llegar a una cima con una gran cruz de madera, desde la que se divisa el mar.

La bajada a la playa, entre grandes árboles y rampas resbaladizas, le da un punto de aventura a la ruta.

Una vez en ella, se obtiene una perspectiva muy diferente de los famosos acantilados de Mon. Desde la parte más baja de Liselund, se aprecia en los recodos de más adelante, cómo la altura de los acantilados calizos empieza a ser mayor. Una perspectiva nueva, de la que pocos disfrutan.

acantilados de mon desde liselund

El paseo por la playa, andando sobre los cantos redondeados y sorteando los grandes troncos pulidos por el efecto del mar, la lluvia y el sol, es una experiencia inigualable. El sol bajando, tiñe de colores el cielo y la piedra blanca.

anocheciendo en los jardines de liselund

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¿Y qué me pongo?

En cuanto a la ropa para visitar el Palacio de Liselund, lo más adecuado es que sea deportiva si se quiere recorrer el parque en su totalidad, ya que los senderos que van hacia la costa tienen un suelo irregular y con bastantes desniveles. Además, teniendo en cuenta la climatología de Dinamarca, mejor si se dispone de alguna ropa que proteja de la lluvia.

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