Monsanto el pueblo aplastado

Monsanto: el pueblo aplastado por los meteoritos

Monsanto es, literalmente, el pueblo aplastado. Así, tal cual. Su increíble arquitectura encajada entre las enormes bolas de piedra granítica lo hacen parecer el resultado de una lluvia de meteoritos empeñada en hundir las pequeñas casas sin conseguirlo.

Su extraña simbiosis con la naturaleza hace dudar sobre si estamos ante un lugar natural invadido por el pequeño pueblo, o ante un pequeño pueblo invadido por algún extraño fenómeno natural. A ver qué opináis.

Monsanto el pueblo aplastado

¿Cómo se llega a Monsanto?

Monsanto, este pueblo aplastado de urbanización tan caprichosa, se encuentra situado en lo alto de una loma desde la que se divisa un espacio de gran belleza, tanto paisajística como monumental. De hecho, todo ese área está catalogada como parque natural tanto en la zona portuguesa como en la española, conformando el Tajo Internacional.

Su ubicación, en el centro-este de Portugal, justo en la frontera con España y alejado de las grandes zonas turísticas portuguesas, lo convierten en un gran tesoro desconocido para la mayoría de la gente, de esos que sólo aparecen como de pasada en algún documental visionado a deshora.

De hecho, fue así como yo lo descubrí. Un documental en horas de sueño, en el que en un entreabrir de ojos, contemplé la extraña visión de Monsanto, un pueblo aplastado por bolas de piedra como meteoritos caídos del cielo.

Tanto me impresioné, que monté un viaje en torno a aquel lugar. Un viaje que me descubrió otros lugares envueltos también es una extraña belleza: Penha Garcia y su ruta de los fósiles, Idanha-Velha y sus antiguos restos arqueológicos, pequeños pueblos empedrados, senderos de bosque bajo y colinas… todo un hallazgo.

¿Y por qué Monsanto es un pueblo aplastado por piedras?

En Monsanto hay huellas humanas desde el paleolítico. Romanos, visigodos, árabes y cristianos, todos han tomado este Monte Santo como la perfecta atalaya desde la que vigilar y controlar la llegada del enemigo.

Pero, ¿qué hacen esas piedras graníticas tan perfectamente redondas casi aplastando el pueblo? Pues parece ser que esas bolas de piedra, por la propia erosión, se desprendieron de la cima del monte, cayendo hacia abajo y quedando suspendidas entre otras rocas. ¿Es extraño verdad? No es una historia de meteoritos, pero su explicación real casi es más misteriosa.

piedras de monsanto
Piedras en la cima de Monsanto

En torno a esas grandes piedras esféricas, aprovechando las oquedades, rodeándolas e incrustándose en ellas, los vecinos de Monsanto fueron construyendo sus casas, en un insólito afán de aprovechar cada metro cuadrado del empinado lugar.

Monsanto el pueblo aplastado
Monsanto el pueblo aplastado

Tan milimétricamente encajadas quedaron las construcciones entre las bolas de piedra, que su casco antiguo se ha preservado casi intacto hasta ahora. Esto le ha valido el nombramiento del «a aldeia mais portuguesa de Portugal«, como atestigua el gallo de plata situado en lo alto de la Torre del Reloj.

¿Cómo se visita Monsanto?

Lo ideal para visitar Monsanto, el pueblo aplastado, es disponer de coche, ya que su visita lleva más o menos medio día, y puede complementarse con otra excursión por alguna de las joyas de la zona.

Y para dejar el coche hay que buscar aparcamiento. El mejor sitio puede que sea la avenida Fernando Ramos Rocha, que es además una preciosa calle, bordeada con cañones y bonitos árboles, desde la que se tiene una vista espectacular con toda la llanura a los pies de Monsanto.

Monsanto

Desde allí la visita es tan simple, y a la vez tan sorprendente, que se trata simplemente de ir subiendo por las adoquinadas callejuelas.

En cualquier rincón podemos encontrar esas casas casi aplastadas por las piedras. Una puerta ajustándose a la forma de la enorme bola que queda suspendida encima. Una ventana que asoma entre unas grietas. Cualquier cosa es posible.

Monsanto casa con piedra
calle de monsanto
sorprendente calle de monsanto

Y entre casa y casa, y piedra y piedra, vamos descubriendo la Torre del Reloj, la Iglesia Mayor, la Capilla del Espíritu Santo, una pequeña llanura que quiere ser plaza…

Torre del reloj de monsanto
Placita de monsanto

¿Y más arriba de Monsanto?

Pues subiendo por el casco histórico las estrechas y empinadas calles llegamos, casi sin intención, al derruido castillo medieval.

desde el castillo de monsanto
Restos del castillo de Monsanto

Una especie de explanada nos espera en lo alto. Piedras de formas caprichosas, aquí sin edificios que les impongan nada, nos permiten pasar un buen rato mientras el sol se pone dejando notas de color.

Vistas desde el castillo de Monsanto

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