Marismas del mar de frisia

Marismas del Mar de Frisia: la luz de Dinamarca.

Tengo cerca de mi casa una zona de marismas. A pesar de que forman parte de mi entorno cercano, hay algo en su luz plana y excesiva que siempre me causa inquietud. 

Sin embargo, hay otras marismas: las marismas del Mar de Frisia, en Dinamarca.

Unas marismas que, en verano, inundan el alma de paz con ese extraño día eterno del auténtico norte.

El Parque de Wadden Sean o Mar de Frisia

Cerrad los ojos por un momento y deciros: Dinamarca. ¿En qué pensáis? Lo primero: la Sirenita de Copenhague, junto a Andersen y sus cuentos. Pensando un poco más: islas verdes y pacíficas, el mundo de los legos, los vikingos, el castillo de Hamlet… Hay que hacer un poco de esfuerzo para que nuestros recuerdos geográficos nos lleven a la península de Jutlandia, el único terreno danés unido al continente europeo.

Pues bien, en la costa oeste de Jutlandia, en ese trozo del Mar del Norte compartido por Dinamarca, Holanda y Alemania llamado Mar de Frisia, es donde podemos visitar el Parque de Wadden Sea (Nacional Vadehavet). Y en él, y con esto termino la lección de geografía, las marismas del Mar de Frisia.

Y, centrando un poquito más en el mapa el lugar en el que yo disfruté de estas marismas, os localizo la pequeña isla de Mando, cerca de la preciosa ciudad de Ribe.

Camino de las marismas del Mar de Frisia

El recorrido por las marismas del Mar de Frisia puede realizarse en diferentes lugares costeros del Parque de Wadden Sea. No en vano es el parque natural más grande de Dinamarca, después de Groenlandia.

Nosotros escogimos la zona de Ribemarsken. Así que, tras una visita a Ribe, que me atrevería a decir que es la ciudad más bonita de Dinamarca, tomamos la carretera camino de la isla de Mando.

¿Por qué la isla de Mando? Pues porque de las tres islas más conocidas: Fano, Romo y Mando, esta última era la que nos ofrecía una experiencia más natural, como podréis comprobar.

La isla de Mando, la más pequeña de todas, está unida al continente por una carretera artificial elevada sobre la marisma. Esto no quita que, con la marea alta, la carretera se inunde y no se pueda pasar. 

De hecho, cuando llegamos, la marea aún no se había retirado del todo y tuvimos que esperar un poco. Cuando pudimos pasar (con un poco de miedo, todo hay que decirlo), la carretera aún tenía grandes charcos y sólo se veía mar a uno y otro lado. Era como conducir con el coche sobre el agua.

marismas del mar de frisia

En la isla el paisaje está dominado por suaves colinas verdes en las que pastan las ovejas y un pequeño pueblo de casas dispersas y ambiente hippie. Algunos edificios como el pequeño molino nos recuerda que estamos en un lugar de inviernos duros y autosuficiencia necesaria.

molino de mando

La mejor forma de recorrer las marismas del Mar de Frisia

Desde Mando, como ocurre en las islas de Fano y Romo, es muy frecuente realizar la visita a las marismas de Frisia en un tractor-bus. Tiene que ser divertido, pero no era lo que yo quería.

En una de mis búsquedas, di con la experiencia ideal: un paseo en coche de caballos al caer la tarde. Lo organiza la compañía Mando Event, que hace además otras actividades interesantes. Realmente fue de las vivencias más bonitas que tuvimos en nuestro recorrido por Dinamarca.

coche de caballos por las marismas del mar de frisia

Tengo que reconocer que esta experiencia resultó tan completa porque la climatología del día era la ideal: apenas sin nubes y sin el viento helado que puede hacer por esta zona incluso en pleno verano (doy fe). De hecho, al contratar la actividad, aconsejan llevar abrigo y gorro, algo que nosotros no llegamos a necesitar.

Y así, con una tarde espléndida y con el único sonido de los cascos de los caballos sobre la tierra, fuimos saliendo del pueblecito de Mando, dejando atrás la isla y entrando de lleno en una inmesa llanura, cubierta a aquella hora por varios centímetros de agua. 

marismas del mar de frisia

La luz blanca de estos largos atardeceres, la forma inigualable de fundirse agua y cielo… forman una imagen que quedará grabada para siempre en mi memoria. 

El agua, tan quieta como un espejo, refleja el cielo de tal manera que es imposible saber dónde termina uno y empieza el otro. Las nubes algodonosas se duplican arriba y abajo. Y sólo la estela de la carreta nos permite tener la certeza de dónde está la tierra. Es un lugar mágico.

marismas del mar de frisia
Marismas del mar de Frisia

Andando por la marisma

Y marisma adelante, disfrutando de un paisaje embriagador, llegamos al mar, a la auténtica línea de costa, donde pudimos bajar del carro. 

El Mar de Frisia, tiene el agua extrañamente caliente. Un detalle que contrasta con la brisa fría que sopla en la cara.

marismas del mar de frisia

Habíamos llegado a un lugar muy especial: una zona de cría de focas.

Nuestro conductor y guía nos ofreció prismáticos y un enorme catalejo para poder ver a las focas con sus crías, que quedaban a muchos metros de donde estábamos, ya que por la seguridad de los animales no está permitido acercarse.  De todos modos, son animales muy curiosos. Nadaban hacia donde estábamos, dispuestos a contemplarnos un rato.

Pero las sorpresas no terminan ahí. El Parque de Wadden Sea es muy especial por ser lugar de cría de focas, por ser un santuario de aves en sus rutas migratorias, por sus estorninos que en primavera y otoño crean el Sol Negro y… por sus invertebrados.

El guía fue al mar con una red y, sin esfuerzo, trajo gambitas pequeñas, como camarones, que nos dio a probar. También nos explicó cosas curiosas de allí, como los enormes gusanos que habitan entre la arena, Y, algo de lo más insólito: el valioso ámbar que se encuentra en sus arenas.

Final del recorrido por las marismas del Mar de Frisia

De vuelta, con el sol aún más bajo, el paisaje era más hermoso si cabe. Un puro reflejo de agua y cielo.

marismas de frisia

Al regresar de nuevo por la estrecha carretera la marea estaba muy baja. Se podían ver, entre los rosas y anaranjados del atardecer, pequeñas elevaciones de tierra que formaban surcos en el agua, habitadas a aquella hora por gaviotas y otros pájaros. ¡Cuánta belleza!

Y ahora, os vuelvo a retar. Cerrad los ojos por un momento y deciros: Dinamarca. ¿En qué pensáis?

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