la serena extremeña

La Serena extremeña: un paisaje lunar

Imagina… el amarillo de la hierba seca sobre la áspera tierra de pizarra y granito. Imagina… el sol radiante en un cielo inmenso sobre el ulular de un viento frío que corta la piel. Esa es la Serena extremeña. Una inmensa meseta contrastes, entre encinas y panoramas lunares.

Situando la Serena extremeña

La Serena extremeña es una amplia penillanura que se sitúa en el extremo noreste de Badajoz, delimitada por los ríos Guadiana, Zújar y Guadámez.

Es una gran zona ganadera, paso de trashumantes y comarca de infinitas fincas. Setecientas cincuenta mil ovejas la convierten en la gran reserva ganadera de España.

Pero también se trata de una tierra rica en historia; una historia que ha sembrando de hitos culturales toda la Serena. Y una tierra en la que la naturaleza, bajo una apariencia ruda, resulta rica y apacible. Sin embargo, como si de un secreto turístico se tratase, la Serena extremeña es un lugar que se escapa de las rutas de viaje habituales.

Yacimientos, castillos y embalses: las huellas de la historia.

Restos arqueológicos

Si nos remontamos a la prehistoria, en la Serena extremeña podemos encontrar conjuntos tan valiosos como el dolmen de Magacela, muy similar al dolmen de Lácara, en la llanura que rodea al pueblo. Y hay más: el dolmen de Sierra Gorda, refugios con pinturas rupestres y petroglifos… Todo ello deja constancia de que esta zona estuvo habitada desde tiempos remotos.

serena extremeña
PIedras del dolmen con Magacela al fondo

Montones de tierra. Así es como de siempre los habitantes habían conocido aquellos montículos que parecían surgir sin más de la tierra. A veces aparecían monedas y restos cerámicos de otras época. Esto puso en la pista, ya en el siglo XX, de que aquellos montones de tierra eran mucho más.  De hecho, las investigaciones han demostrado que pertenecen a esa cultura tartésica que tantas hipótesis ha suscitado.

El hermoso yacimiento de Cancho Ruano, a pocos kilómetros de Zalamea de la Serena está datado entre los siglos VII y IV a.C. Parece ser que fue un santuario, muy importante en su época dado su tamaño y disposición.

cancho roana en la serena
Yacimiento de Cancho Roano

Encontramos también, el yacimiento de La Mata, en Campanario. Se trata en este caso de una gran casa-fuerte, con sus diferentes dependencias para vivir, su necrópolis, y sus elementos defensivos.

yacimientos serena extreneña
Yacimiento de La Mata

Y aún hay más, el pequeño yacimiento de Hijovejo, muy cerca de Quintana de la Serena, que forma un recinto fortificado, aprovechando el granito de la zona.

Castillos y fortalezas

La Serena extremeña fue un importante territorio tanto en época islámica como en la posterior reconquista. Almorchón, Benquerencia… nos dejan vestigios de otros tiempos. Restos de fortalezas creadas para la vigilancia y defensa, primero árabes y luego cristianas, piedra sobre piedra, como se construye la historia.

benquerencia serena extremeña
Restos de la fortaleza de Benquerencia

Y el más hermoso sin duda, el castillo de Magacela, mirador de la Serena extremeña. En lo alto de una colina que destaca sobre el paisaje se convierte en un inmenso balcón, acompañando al pequeño pueblo de casas blancas que sube por su ladera.

Historia más allá de la Edad Media

Y más allá de ese pasado moro, morisco y cristiano, la Historia se ha unido a la Serena extremeña en multitud de ocasiones.

En Zalamea de la Serena, tan cargada de historia, se instaló a final del siglo XV la corte literaria de Juan de Zúñiga, en la que el gramático Antonio de Nebrija vivió durante dieciséis años. Al parecer fue el lugar donde creó su Grammatica Antonii Nebrissensin, la primera gramática castellana.

palacio de zúñiga
Detalle del Castillo de Zúñiga en Zalamea

¿Y los legendarios conquistadores extremeños, tan denostados en estos correctos días? Aunque sigue siendo un misterio la localidad exacta de nacimiento, en la Serena extremeña nació y vivió Pedro de Valdivia, entre los siglos XV y XVI. Viajó a América con Pizarro. En Chile fundó ciudades como la capital, Santiago, e hizo aparecer toponimias como Nueva Extremadura y La Serena.

En el siglo XVII, Calderón de la Barca creó su famosa obra El alcalde de Zalamea, un drama de justicia , dignidad, honor y lucha de clases. Esta obra se representa todos los veranos en el pueblo, siendo los actores los propios vecinos, con una puesta en escena fabulosa. 

El siglo XX en la Serena extremeña

Comienza con la historia más reciente y triste, la de la Guerra Civil, en la que la Serena alojó uno de los frentes más activos de Extremadura. Sus tristes cicatrices aún pueden verse en forma de trincheras y restos de fortificaciones.

Y luego, la época franquista y su consabida inauguración de embalses, consiguió dotar a esta seca tierra de interior con el mayor kilometraje de playas de agua dulce de la península.

En el embalse del Zújar,  sus preparadas playas y sus descensos veraniegos en canoa, ponen la nota refrescante al calor del verano extremeño. Y el embalse de Orellana, mi favorito, a caballo entre la Serena y Vegas Altas, tiene en su su playa de Campanario el bastión playero en la comarca de la Serena.

Y, ya en los años 90, se construyó el enorme embalse de La Serena, el mayor de España. Ahí queda, planteando la pregunta de si realmente hacía falta batir un récord así.

descenso del zújar
Descenso del Zújar en canoa en agosto

El paisaje de la Serena extremeña

Y entre tanta historia y tanto patrimonio, un paisaje lunar hecho de pizarra y granito se extiende en suaves lomas.

Los bloques graníticos, con sus extrañas formas, remueven nuestra imaginación concediéndoles forma animal. ¿Cómo no pensar aquí en viejas leyendas? ¿Cómo no rememorar los cuentos en los que, al caer el sol, todo lo inanimado cobra vida?

Entre las piedras, y siempre que las ovejas lo consientan, surgen bellas encinas, alcornoques y chaparros. La jara y la retama acompañan, haciendo de monte bajo. 

Pero en la Serena más pura no parece existir nada que no sea tierra y piedra. Un paisaje antiguo y extraño, la Luna en la Tierra. Un lugar que nos deja los conocidos «dientes de perro» asomando entre la tierra, picos de pizarra, agudos y rígidos. 

Unos dientes de perro que se revisten de un verde intenso por el efecto del liquen en las zonas más umbrías, cambiando a amarillo en las que da el sol.

El ciclo de las estaciones

Pero hay que saber mirar. En este suelo, en el que no parece crecer nada, las estaciones van imponiendo su ritmo.

Y en este otoño, tan cálido, surgen como de la nada, pequeñas flores de un rosa intenso.

flor de otoño

Y los cardos y yerbas, que durante la primavera fueron los dueños del lugar, crepitan ahora, tras el largo verano, cuando el sol del amanecer les roba la escasa humedad que les queda. Precisamente, uno de estos cardos, el cynara cardunculus,  se usa desde tiempos remotos para cuajar la leche de oveja en esa maravilla que son los quesos de la Serena.

Luego llega el invierno, tan frío. Con heladas que pocas veces llegan a ser nieve, pero que hacen dormir a las semillas hasta tiempos más cálidos. Pero no a todas. Con un poco de lluvia, en ese tiempo entre el invierno y la breve primavera, el paisaje marrón y gris muta a  verde intenso, con el pasto recién nacido.

la serena en invierno

Mucho más tarde, en plena primavera, el suelo aparentemente árido se cubrirá de otras flores, rosadas y muy pequeñas. Durante unas breves semanas, la Serena aparecerá cubierta por una alfombra floral que transformará de nuevo el paisaje y nos recordará que no, que esto no es la Luna, que es Serena.

Y vuelta al largo verano, con sus amarillos infinitos, dejando de nuevo la piedra al desnudo.

El clima en la Serena no da tregua. Del frío extremo al calor extremo, nos deja senderos que sólo pueden recorrerse al amanecer o al atardecer entre abril y octubre, o a mediodía entre noviembre marzo.

Un pequeño recorrido entre el paisaje de la Serena extremeña

Para conocer el paisaje lunar de la Serena extremeña una buena opción es tomar el camino paralelo a la comarcal EX-349, desde el pueblo de Campanario hasta la ermita de Piedra Escrita.

Este breve recorrido, de apenas cinco kilómetros, permite disfrutar de este paisaje que parece pertenecer a otro mundo. 

Y sobre las piedras, observando despacio, podemos ver pequeños restos fósiles y el emocionante descubrimiento de antiguos petroglifos, tallados en la dura piedra. 

petroglifos en la serena extremeña

Al llegar, la pequeña ermita de Piedra Escrita, nos recibe con su arcada de antiguas columnas en la cima de la colina, desde la que se deja entrever el Guadalefra. Un lugar tranquilo y apacible.

¿Y qué más os puedo decir? Para amar este paisaje lunar hay que recorrer alguno de los caminos de la Serena extremeña, y dejar que la soledad nos cure de prisas. Y sobre todo, hay que abrir los sentidos al frío extremo, al calor extremo, a la luz extrema, al inmenso paisaje de suaves lomas y dura piedra, a los vestigios de otros tiempos. Creedme, no os defraudará.

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