Los acantilados de la Isla de Mon: como salidos de un cuadro

Los acantilados de la Isla de Mon, de altas paredes calizas que bajan hasta el frío mar Báltico, son uno de los destinos indispensables en un viaje por la naturaleza de Dinamarca. De fácil acceso y cercanos a Copenhague, guardan sin embargo el sabor de un descubrimiento exclusivo.

Blancos, muy blancos. Así son estos altos acantilados. Si los vemos en contraste con las nubes lluviosas de Dinamarca y el color oscuro de un mar engañosamente sereno, aún impresionan más.

Al estar allí, es imposible no pensar en alguno de los cuadros del romántico Friedrich, pintados en la alemana isla gemela de Mon: Rügen. Y es que el título de esta entrada es totalmente cierto: los  acantilados de Mon son como salidos de un cuadro.

acantilados de la isla de mon desde arriba
Fotografía de los acantilados de la isla de Mon
friedrich
Cuadro de Friedrich de la isla de Rügen

Dónde están los acantilados de la Isla de Mon

Mon es una pequeña isla situada al sureste de Dinamarca. Forma parte de la región de Selandia. De hecho, está a sólo una hora de la capital, Copenhague. Es por ello por lo que muchos visitantes tienen los acantilados de la isla de Mon como destino de ida y vuelta desde la capital. Un consejo: no lo hagáis, pasad al menos una noche en Mon.

Los acantilados calizos son la singularidad de Mon, pero no son Mon. La isla tiene su identidad en las suaves colinas, los bosques, los campos de cereal y el tranquilo fiordo de Stege los que hacen que la visión de los acantilados impacte de tal manera. Cosas que pueden disfrutarse recorriendo tranquilamente los senderos de la isla de Mon

Perderse todo esto en un rápido viaje desde Copenhague, hace que se desvanezca el espíritu de la isla.

Acceso a los acantilados de la Isla de Mon

Llegar a los acantilados

Como suele ocurrir en los lugares especiales, la forma más sencilla de llegar a los acantilados de la isla de Mon es disponiendo de un coche propio. En trasporte público, desde Copenhague puede llegarse en tren hasta Vordingborg, y allí tomar un autobús hasta los acantilados, pero los horarios son muy escasos.

Los acantilados de la isla de Mon ocupan unos siete u ocho kilómetros de costa y miden algo más de los cien metros en su parte más alta, lo que después de varios días en un país tan llano como Dinamarca resulta realmente elevado.

Esto quiere decir que desde el bello Palacio de Liselund hasta el curioso Geocenter de Mon, su centro de interpretación, hay muchos caminos, escaleras e incluso rampas de acceso a los acantilados ya que no se trata de una zona acotada.

El acceso más espectacular, en la zona más alta de los acantilados es el del Geocenter. Eso sí, los 459 escalones para bajar (y luego subir) son el precio a pagar.

escaleras en los acantilados de la isla de mon
Senderos superiores

Desde arriba de los acantilados, hay caminos que permiten vislumbrar los acantilados entre densos bosques con el mar muy abajo, con panorámicas de cuadro de Friedrich. 

acantilados de la isla de mon desde arriba
Recorrido por la costa

Para verlos desde la costa es aconsejable o bien conocer con seguridad los horarios de las mareas, o bien no alejarse demasiado de las escaleras de acceso. Las playas de esta zona son de gruesos guijarros que terminan en el resbaladizo suelo calizo del propio acantilado, que baja hasta el mar. Andar por ellos con la marea alta puede ser peligroso. Y a eso se une que, en ocasiones, el mar arrastra tal cantidad de algas que pueden llegar a formar capas de un metro o más. 

Por tanto, lo ideal es ir haciendo pequeños recorridos para contemplar los acantilados desde diferentes puntos de la playa. Cada uno nos aportará una visión diferente de este lugar tan singular.

acantilados de la isla de mon playa
playa en los acantilados de la isla de mon
Accesibilidad

Por desgracia, ni los caminos de arriba, de tierra y con raíces de árboles, ni las escaleras de bajada a los acantilados, son aptos para personas en silla de ruedas. Incluso las personas con movilidad reducida pueden verse muy limitadas, ya que los tramos escalonados son bastante duros y el suelo muy irregular.

El Centro de Interpretación de los acantilados de la Isla de Mon

Como os decía antes, el acceso más espectacular a los acantilados de la Isla de Mon y, añado ahora, la mejor forma de tomar contacto con este espacio natural, es desde el Centro de Interpretación: el GeoCenter Mons Klint.

Es un lugar muy recomendable de visitar por lo curioso que resulta y lo didáctico que es. Si lleváis niños entre vuestros acompañantes, la cantidad de actividades divertidas que ofrece el centro harán que lo pasen muy bien.

Pero es que, además, no es un centro de interpretación cualquiera. En el GeoCenter se ofrecen diferentes actividades de naturaleza para hacer en torno a los acantilados. Basta con convertir la entrada normal a pase de temporada en la misma recepción y sin coste añadido, y se tiene acceso gratis a diversas actividades al aire libre. En la propia web del GeoCenter se explica claramente.

Se trata además de un lugar con unas instalaciones excelentes, desde el amplio parking hasta la agradable zona de cafetería y los merenderos.

El museo

El Centro de Interpretación de los acantilados de la Isla de Mon es completamente interactivo en todas sus salas y muy didáctico. Es una especie de Museo de las Ciencias en pequeño.

Comienza por la historia geológica de Mon. Llama mucho la atención su evolución, ya que los acantilados son un lugar vivo. El yeso que lo compone, sometido al viento, la lluvia y el embate del mar, va cayendo en derrumbes más o menos intensos. 

Aunque los derrumbes nos hacen suponer que la isla irá desapareciendo, también gracias a ellos se encuentran en una de sus grandes atracciones: fósiles, desprendidos de la frágil caliza. En el GeoCenter se muestran los diferentes tipo de fósiles que se pueden hallar en la playa. Y unen a ello, curiosas fotografías y objetos de las expediciones de búsqueda de fósiles en Groenlandia.

Y entre todo, muchas actividades entretenidas: un pequeño rocódromo, películas en 3D sobre la prehistoria, juegos de realidad virtual… Y para los más pequeños, talleres y juegos de los que no querrán irse.

GeoCenter Mons Klint
Centro de interpretación

Las actividades al aire libre

Aunque es realmente curioso el Centro de Interpretación, yo diría que las actividades al aire libre son el punto fuerte del GeoCenter. Recordad que para acceder a ellas basta con hacerse en recepción con el pase de temporada.

El bosque suspendido

Una de ellas es un bosque suspendido. No es que tenga un recorrido muy amplio, pero claro, es un auténtico bosque suspendido. Aquí, por el sur, estamos acostumbrados a este tipo de actividad con un montaje artificial, así que fue toda una novedad que el circuito de subida a árboles, tirolinas y demás estuviese montado en un bosque de verdad. Un bosque, además, en la loma de una colina, por lo que se gana altura extra.

bosque suspendido

Recorridos en bicicleta

Estos recorridos se hacen por toda la zona superior de los acantilados. Allí esperan caminos boscosos y vistas espectaculares. Supongo. Porque no pude hacerlo. 

El bosque suspendido me dio miedo (exacto, no soy yo la de la foto) y al recorrido en bici… ¡llegamos tarde! Y no un rato tarde, sino unos minutos tarde, los minutos de deleitarnos con una tortita con helado de nata en el GeoCenter. Así que, ya sabéis, la puntualidad danesa es extrema. Aunque, la verdad, siempre he preferido andar que ir en bici  😉

Snorkel en el Báltico

Sí, como suena: snorkel en el Báltico. Es la única de las actividades que hay que reservar previamente en la página del GeoCenter y para la que hay que pagar un pequeño plus.

La caliza de los acantilados de la Isla de Mon baja hasta el mar en muchas zonas: la blancura de esa piedra bajo el agua azul componen una imagen lo suficientemente atractiva como para que valga la pena entrar en las gélidas aguas bálticas. Además, se pueden encontrar fósiles más fácilmente que en la playa.

Pero yo aquí sólo puedo contar mi experiencia, porque no escribo viajes imaginados, sino reales.

Me confieso. 

El día que teníamos reservada la actividad de snorkel no era el esplendoroso día de sol, cielo azul y mar trasparente que habíamos visto en las fotos. No. Como pasa mucho en Dinamarca en verano, en aquel momento era un día gris, lluvioso y de mar revuelto.

La actividad se inicia en un lateral del Centro de Interpretación. Allí, el monitor de snorkel, explica las normas básicas. Ayuda también a colocar el indispensable traje de neopreno

Con él puesto, entre los visitantes vestidos de visitantes, se baja a los acantilados con la sensación de estar en una fiesta de disfraces inexistente. Aunque el auténtico problema viene al bajar los casi quinientos escalones hasta los acantilados con el pesado neopreno. Y es que en la playa, debido a las mareas, no puede habilitarse un vestuario.

Una vez abajo, y con lo nublado del día, el mar tenía un color marrón verdoso y escasa visibilidad en el agua. Así que la divertida actividad de snorkel acabó siendo un intento de buceo mientras se flotaba en el agua con el neopreno. 

Y luego la vuelta, bien cansados y esta vez teniendo, no que bajar, sino que subir las larguísimas escaleras con los fatigosos trajes. 

En fin, creo que se aprecia que la actividad resulta atractiva,  pero que yo personalmente no la aconsejo mucho, ¿no? 

snorkel en la isla de mon

Y sigo con la confesión: ¿me veis en la foto? No. Tampoco hice snorkel en el mar Báltico. Después de haberlo planeado y haberlo reservado, dije no en el último momento.  Vi el cielo cada vez más encapotado, los duros trajes de neopreno, las escaleras y el frío mar y me eché para atrás. Sí, lo hice, dije que no, ni neopreno ni snorkel. Y no me arrepentí. De encargada de fotos, más feliz que todas las cosas. 

Recorridos guiados

Los recorridos guiados se realizan fundamentalmente en danés, aunque ofrecen algunos de ellos en inglés. En cualquier caso, tras haber estado en el Centro de Interpretación, realizar uno de estos recorridos guiados no aporta tanto conocimiento como el hecho de poder recorrer caminos diferentes de bajada al acantilado y recoger in situ los fósiles con algo de ayuda.

De esta forma, desde el GeoCenter se llega por un camino lateral hasta otra bajada a la playa, escondida entre la vegetación ¡Qué maravilla de isla! En cualquier rincón se encuentran paisajes increíbles.

Al bajar, volvemos a quedarnos maravillados con la belleza del lugar. Esa gran pared de yeso blanco elevándose sobre el mar, con la exhuberante vegetación arriba y las calas de playa de piedra gris y la suavidad de las olas del mar abajo. Aunque el día estaba nublado, la belleza del sitio impacta. 

En la playa todos se lanzaron a la búsqueda de fósiles. Pero yo ese día estaba en modo objetora y decidí dar un paseo sola.
En cada recodos, la corriente del mar arrastra los guijarros de la playa, que chocan a cada ola unos con otros, produciendo un extraño eco en el acantilado, con un sonido de tormenta. Con el cielo tan gris, la lluvia que no paraba y aquel sonido, me sentí en un lugar íntimo y mío. Un lugar al que volver cuando la realidad no acompañe.

isla de mon

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